Acapulco, el nuevo paraíso de la droga

Acapulco, el nuevo paraíso de la droga

La ciudad mexicana es hoy la tercera ciudad más peligrosa del mundo, producto de la violencia que genera el narcotráfico.

Acapulco, México, podría compararse con Cartagena de Indias en la costa Caribe colombiana, las dos tienen hermosas playas que invitan a propios y extraños a querer pasar vacaciones en ellas, pero también comparten otra realidad: la violencia y pobreza que esconden sus barrios periféricos.

Aunque la urbe mexicana padece de problemas mucho más complejos que la capital de Bolívar, pues si bien los cartageneros sufren la desidia e incompetencia de muchos de sus políticos, en Acapulco el narcotráfico tiene sobre las cuerdas a todas las instituciones del Estado.

A tal punto que algunas escuelas públicas tienen que ser resguardadas por el Ejército, pues los delincuentes ni siquiera respetan los espacios formativos de los niños. A esto se suma la falta de institucionalidad, pues la gente no confía en la fuerza pública.

“Se llegó a pensar que hay complicidad de ciertas corporaciones y que definitivamente ya no se sabe hacia a dónde acudir. En algunas casas que tiene nombres como la ‘Narco-tiendita’ y en ocasiones hay algunos policías cerca de allí, no sé si es para vigilar o… no sabemos”, manifestó el profesor Felipe Cruz.

Los comerciantes son otros quienes a diario sufren por culpa de la violencia que convirtió a Acapulco en la tercera ciudad más peligrosa del mundo. El desastre en materia de seguridad se venía gestando hace más de 10 años, con la bonanza de los cultivos de amapola sembrados, allí, en el estado de Guerrero.

“El 90, 95 por ciento de los negocios en Acapulco pagan una determinada cantidad semanal por que los dejen trabajar. Llegan a rafaguear el negocio, sino lo queman o matan al propietario que se negó a pagar la cantidad”, señaló el presidente de la Cámara Nacional de Comercio (Canaco), Eliseo De la Cruz.

México es el tercer productor mundial de cultivos de amapola y el primero en exportar opio y otros derivados de esta planta a Estados Unidos, según la DEA. Esa realidad incrementa la zozobra y la inseguridad, pues los narcotraficantes se pelean los cultivos por la gran demanda que tienen en el país del Tío San. Como diría un viejo escritor mexicano “pobrecito México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos”.

“Es una de las zonas más violentas que tiene el país. Básicamente le vendes el producto a un grupo, no le puedes vender a nadie más, porque la situación de violencia hace que o los levanten, los desaparezcan o los maten”, explicó el periodista, Lenin Ocampo, quien tuvo la oportunidad de entrar en uno de los cultivos.

“El problema de México es la impunidad”, sostuvo el licenciado del Grupo Coordinador de Riesgo de Acapulco, Roberto Álvarez; por esa razón, él y la gran mayoría de mexicanos esperan que el próximo presidente de la República pueda dar un golpe de autoridad y acabar o al menos neutralizar la desbandada de violencia que viven el país, especialmente Acapulco.

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