Duque ante la fogata

Duque ante la fogata

Cuando Duque se encontró con la Presidencia de la República, aquellos que no votamos por él, sabíamos que ese joven inexperto, no era el Presidente que Colombia iba a necesitar para afrontar los problemas de esta sociedad, ocultos para muchos, y en su gran mayoría ignorados por los grandes medios de comunicación como consecuencia de décadas de conflicto armado.

Lo aterrador es que Duque, al afrontar este paro, está copiando la táctica de su homólogo de Chile Sebastián Piñera.  Cree erróneamente, que sólo sus propuestas son las válidas para atender la crisis, y que son esas las propuestas a ser discutidas por los docentes, centrales obreras, los jóvenes y los estudiantes, sin entender que dichas propuestas, pueden ser válidas, pero en la Colombia de hoy, no son legítimas.

Piñera torpemente, creyó que el problema de Chile era haber subido el pasaje de metro;  hoy Chile está ad portas de una constituyente, y todos los políticos de ese país saben que el modelo económico de la dictadura, que aun orienta la sociedad chilena, llegó a su fin;  Piñera miró el árbol, no el bosque en llamas.

La propuesta de solución al problema pensional no es legítima porque eso de subir la edad de las pensiones argumentando que no hay otras opciones, además de ser una flagrante mentira, es una opción económicamente regresiva, en un país donde los independientes, los trabajadores y los empleadores públicos y privados soportan el peso de las cotizaciones al sistema general de seguridad social en salud y pensiones.

Legítimo sería proponer, grabar con renta las pensiones de más de cinco salarios mínimos, como el Banco Mundial y el mismo F.M.I. le han aconsejado a Colombia desde hace más de 20 años.  Acabar los regímenes especiales de retiro de parte de funcionarios del estado, someter a revisión el sistema que permite que una gran cantidad de ex funcionarios que ganen hasta dos y tres pensiones de jubilación, en sectores como fuerzas militares, educación y funcionarios consulares. Bajar en el sistema de prima media con prestación definida el límite máximo de la pensión de vejez de 25 a 20 salarios mínimos mensuales (las pensiones quedarían en un máximo de $16.500.000 aproximadamente, más que justo).  Son esas pensiones, de más de cinco salarios mínimos las que agotan gran parte del presupuesto destinado por la Nación para atender dichas obligaciones, sin olvidar que las pensiones más altas son ganadas por ex congresistas, ex magistrados de altas cortes, ex generales de fuerzas militares, y sí señores, ex presidentes.

En educación, el partido del presidente incendio el debate, cuando en el Congreso y redes sociales para justificar los pésimos resultados de Colombia en las pruebas PISA, miembros del ala más radical del Uribismo culparon del problema de la calidad de la educación en Colombia a los maestros.  No solo demuestran la arrogancia típica de los miembros más ilustres del Centro Democrático, sino que evidencian un desafortunado sesgo en las opiniones del partido del Presidente, olvidando que la calidad educativa en cualquier país del mundo es resultado del pago de buenos salarios y calidad en infraestructura educativa.

Respecto de los miembros de la OCDE de Latinoamérica, los maestros en Colombia ganan una miseria.  Tonto es compararnos con países europeos, pero sí con España (docentes ganan en promedio 45 mil U$ anuales), chile (38 mil U$ anuales), argentina (U$ 25 mil anuales) que a pesar de su crisis económica está por encima de Colombia que paga en promedio a los maestros colombianos 10 mil dólares anuales.

Y respecto del plan de mejoramiento en calidad a las instituciones educativas, la Nación no tiene nada para mostrar, lo cual llevó a que la misma OCDE, en informe publicado el pasado 25 de octubre, llamará la atención del país por la falta de recursos que pretendan mejorar el ambiente educativo, además de aconsejar urgentes inversiones en educación básica y de la primera infancia, particularmente en las zonas rurales.   De la situación de la educación superior mejor no hablar, pues allí, también Gobierno reprueba el examen.

Lo de la reforma laboral, evidencia que Gobierno piensa que él tiene los números de favorabilidad y apoyo que tenía Uribe cuando pasó la última reforma laboral en el año 2002, impulsada por el carismático  Juan Luis Londoño.  Lo primero que tiene en contra, es que contrario a lo expuesto por el gobierno Uribe en 2002-2006, la flexibilización laboral del 2002, no aumentó el número de empleos como lo prometió Londoño poco antes de morir en un accidente de aviación, dato que es conocido por las centrales obreras, y el común de los colombianos.

El segundo problema, es que el discurso conforme al cual, es culpa del sistema laboral la falta de competitividad de las empresas colombianas, la sociedad, y en particular los jóvenes de 17 a 27 años, que constituyen más del 70% de los desempleados de este país, tampoco están dispuestos a creerlo.

Es cierto que las empresas en Colombia, no son competitivas, pero no por las condiciones de empleo, sino por la gran Carga impositiva que padecen.  Pero como los últimos gobiernos no han querido reformar nuestro sistema tributario, los empresarios saben que la única forma de hacerse más competitivos es flexibilizar el mercado laboral.

El empleo en Colombia es un problema estructural, pero la flexibilización laboral en una economía rezagada como la nuestra, definitivamente no creo que sea el camino para hacer más competitivas las empresas.  El camino es reducir costos directos de las empresas como los aportes parafiscales y la alta e ineficiente tributación.

Debería el gobierno Duque atender recomendaciones hechas por el Consejo Privado de Competitividad que en informe público para el periodo 2015 a 2018, recomendaba una inversión en educación, ciencia y tecnología de mínimo 28.3 billones de pesos, anuales lo cual, pondría al país en el promedio de inversión de América Latina (ni siquiera del sudeste asiático) en el año 2032.

Dicho Consejo denunció del mismo modo que todas las reformas tributarias en Colombia en particular desde la Ley 1607 de 2012, han definido la imposición de tributos regresivos e ineficaces, tendencia que no ha cambiado, y que Duque, a pesar de prometer en uno de los debates presidenciales no aumentar los impuestos, en la última y fallida reforma tributaria no solo los incrementó, sino que aumento el nivel de aquellos tributos que los economistas entienden como abiertamente regresivos.

Pero la más importante recomendación, hecha además por foráneos y locales, es la lucha sin cuartel contra la corrupción, en el cual el actual Gobierno cometió el flagrante error de no escuchar el clamor de más de once millones de colombianos que votamos en la consulta anticorrupción, al punto que hoy, dichas propuestas están sepultadas.  Y es que es lógico;  mientras en Colombia la contratación pública no se oriente por verdaderos criterios y prácticas que materialicen el principio de selección objetiva  en la selección contractual pública, las pequeñas y medianas empresas no tendrán oportunidad de crecer y generar empleo, pues los mercados regionales y locales no tienen la fortaleza para impulsarlas.

Por lo tanto, y contrario a lo expuesto hasta la fecha, el Gobierno sí tiene muchas propuestas para dar solución a la crisis, lo que implica necesariamente un cambio de discurso del Gobierno, aspecto en el que creo el ala más radical del Centro Democrático está dispuesto a ceder.

Y no porque esa ala radical que rodea a Duque no sea consciente de la necesidad de las reformas; sino porque plantear esa discusión, significa necesariamente respetar el acuerdo con las FARC y avanzar en la construcción de la paz.  Un país en guerra, no puede invertir en educación de calidad, ni invertir en competitividad empresarial, ni fortalecer la justicia para que luche contra la corrupción, ni hacer una reforma tributaria y pensional estructural, que es en el fondo lo que demanda la sociedad.

Por lo cual, si Duque no entiende las razones por las cuales el bosque está ardiendo y hace las reformas adecuadas para apagar el incendio, o terminamos en un quiebre institucional como sucedió en Chile (ya el Alcalde electo de Medellín propuso una constituyente), o las protestas llevarán a su renuncia.

En esta Colombia que después de cincuenta años de conflicto se pudo mirar al espejo, ya no hay lugar a más distractores.

Por: Juan Pablo Murcia Delgado – murciajuanpablo@gmail.com

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