Historias de taxi

Nombre: En el maletín no siempre se conoce el pasajero
Hora: 3:40 pm
Día: Jueves
Lugar: Zona Norte

Había pasado varios días sin trabajar por tener el carro descompuesto, hasta que por fin pude salir a buscar carreras en la ciudad. Un jueves en horas de la tarde me dirigía hacia un almacén de cadena de la ciudad, cuando recogí a una pareja que se veía que pagarían muy bien, ya que llevaban un buen mercado y mirando su ropa y su manera de hablar, daban a entender que me arreglaría el día que tan malo había estado hasta el momento.

Luego de hacerles una carrera bastante larga, me dijeron que los esperara un momento al salir de la casa, que ellos se irían a otro lugar y que por eso querían volver a tomar mi servicio, pacientemente así lo hice y en tan sólo 15 minutos ellos salieron y solicitaron que los llevará hasta el norte de la ciudad.

Luego de llevarlos afanosamente, como si fuera tarde a aquel lugar me pasaron un billete de 50 mil para cancelarme el servicio, yo les cobre 15000 mil pesos y estos parecían estar conformes con el pago, inmediatamente y afanado les di las vueltas sin observar muy bien la originalidad del billete.

Luego de esperar unos minutos a darles las vueltas ellos se desaparecieron de mi vista y contento seguí trabajando siendo esa mi primera carrera por cierto bien paga. Tal vez me seguiría yendo bien y podría pagar lo prestado que me habían dado unos familiares para poder entregar vueltas, ya que tantos días sin trabajo me tenían en la raja.

Luego de andar unos 20 minutos recogí a un señor bastante malgeniado que desde que se subió al taxi sólo peliaba con alguien por teléfono. Callado me dirigía hacia la dirección que éste me había dado y al llegar recibí una gran sorpresa, éste me pago con un billete de 20000 pero sin ser precavido había dado todo el cambio a la primer carrera y no tenía nada más.

Apenado le pedí el favor a este señor que aguardara un momento para cambiar el billete de 50000 mil pesos, afortunadamente iba pasando un colega del gremio al que le pedí el favor, éste no se negó, pero cuando yo le pase el billete me dijo inmediatamente que el billete estaba falso, que no lo tumbara.

Sorprendido mire el billete y efectivamente era un billete falso, solo la mitad del billete estaba bueno. Con mucha rabia comencé a decir groserías y a darme rabia por no haber mirado detalladamente el billete.

Por otro lado, el señor molesto me afanaba y yo no tenía ni mil pesos, que con impaciencia no hallaba que hacer, así que me tocó regalarle la carrera al señor porque este andaba de afán y perder no sólo una carrera sino la plata que me habían prestado.

Desde ese día entendí que las apariencias engañan y que puede subirse alguien muy bien vestido, o muy bien hablado, pero la posibilidad de ser estafado sigue latente.


Continuará…

 

 

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