Una noche loca con una ‘monja sexi’
Por: Priapo y Coraila - E-Mail: sexosinreserva@tusemanario.com

Catalina y Samuel son una pareja de novios cuya relación lleva aproximadamente un año y medio. Estos jóvenes, ella de 20 y el de 21 años, estudiantes universitarios llevan una vida sexual activa hace un poco más de nueve meses, y hasta el momento ha sido de acuerdo a su edad, efusiva, apasionada, tan apasionada que han caído algo en la rutina, cosa que él ha notado más que ella.

Catalina una chica algo robusta, de estatura baja y con un particular estilo, ya que le gusta ser llamativa con sus atuendos algo cortos y escotados, dejan ver su anatomía más de lo debido. Él por otra parte un tanto más alto, de tés canela, de ojos cafés y pelo rizado, es un típico joven que viste de ropa oscura, que bebe en las afueras de la universidad y que pese a utilizar lentes no es el más aplicado de la facultad.

Algún día, para ser más exactos en una fecha especial, pues cumplían un mes más de noviazgo, querían hacer algo distinto. Así que ella se encargaría de sorprender a su novio, quien en varias ocasiones le había dicho que soñaba con que lo sorprendiera con algo diferente en la intimidad.

Faltando tres días antes de la fecha catalina se fue con su mejor amiga a una tienda de sexo, a comprar todo lo necesario para darle una noche inolvidable a su amado. Al llegar a la tienda, las carcajadas, el color rojo en sus mejillas, y los comentarios, algo subidos de tono se vislumbraban en su presencia, a lo cual una vendedora interrumpía para asesorarlas.

Catalina le contó algo de lo que pretendía a la mujer y ésta comenzó a mostrarle todas las opciones posibles para lograr su cometido. En primer lugar, ella necesitaba un traje, algo fuera de lo normal, algo que lo dejara boquiabierto y que con sólo verla se excitara, por eso comenzó a mirar detalladamente uno por uno los trajes disponibles en el lugar.

Un traje de bombera, uno de gatubela, otro de enfermera, pasando por los de colegiala, profesora, policía, marinera, y otros personajes fueron saliendo del lugar, y Catalina fue midiéndose uno por uno. Ninguno hasta el momento le quedaba bueno, unos muy pequeños, otros la hacían ver muy gorda, otros no eran de su agrado.

Ya estaba algo desesperada porque ninguno le quedaba bien, hasta que al fin sacó la vendedora uno muy peculiar ‘la monja sexi’. A ella le resultó muy divertido usarlo y decidió medírselo. La sorpresa era sensacional para ella, pues por fin había encontrado uno sensual, diminuto, dejaba muchas cosas a la imaginación y le daba un toque particular, pues no era lo mismo de siempre.

Una monja distinta, cuyo vestido era en una tela trasparente, pequeño, pues le daba en todo el borde de la cola, cuya tela en la cabeza era de un color rojo. Muy ajustado pero que la entallaba bien, con un escote profundo en el pecho, y cuya parte de la espalda también estaba descubierto. Tenía unas medias veladas negras con unos detalles en la parte del muslo, que la hacían ver muy llamativa, al igual que sus tacones rojos, que daban la mezcla perfecta entre una mujer religiosa y una diabla.

A ella le fascino y de inmediato accedió a comprarlo, compró un gel estimulante, y otra clase de juguetes, una loción nueva, una botella de vino tinto y separó una habitación en un lugar a las afueras de la ciudad.
El día esperado llegó y ella se mando a peinar alisando su cabello, con un maquillaje fuerte, se hiso un baño floral, y alrededor de unas velas, de esencias y de una música bastante erótica esta monjita sexi esperaba a su amado, quien sólo sabia el lugar y la habitación, ya que todo era una sorpresa.

Al llegar al lugar y entrar, todo estaba sólo a la luz de las velas y ella salió del baño vestida como una monja. Pero esta vez una muy sexi, lo miro fijamente con ojos devoradores y estirando sus cortas piernas entre una silla se sentó, dejando ver una diminuta tanga. El impávido la observaba, con gran impresión.

Catalina comenzó a bailar un poco brusco y se acercó a él para que la viera bien, para que viera su cuerpo, que con la trasparencia del traje estaba expuesto, pues no uso brasier y sus pezones erguidos se excitaban.
Cuando ella intento besarlo, él de inmediato se la quitó de encima, apagó la música, encendió la luz, y apagó las velas, tiró la botella y le pegó un grito, pues estaba furioso. Ella no comprendía lo que estaba pasando y le pregunto qué le molestaba tanto, si todo lo había hecho pensando en él, para que disfrutaran de una noche distinta.

Éste respirando rápidamente le dijo que era alguien muy creyente, que tenía una tía monja y que verla vestida así era irrespetar algo en lo que él creía mucho, y que en lugar de haberlo emocionado, lo había en realidad defraudado, espantado, y que las monjas merecen respeto.

Ella trataba de explicarle, mientras se quitaba su atuendo, pero éste histérico se salió, no sin antes advertirle que hubiera preferido cualquier cosa, menos verla vestida así, pues él nunca podría acostarse con una mujer vestida de monja, que de solo pensarlo sentía que estaba pecando.

Luego de un rato Catalina arrepentida comenzó a pedirle perdón a Dios por haber ofendido a este gremio de mujeres y salió del lugar con su traje de monja sexi, pensando como repondría la plata del arrendo de la casa donde vivía, pues todo se había ido en la dichosa sorpresa.

 

 

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