La batalla la ganan los delincuentes en Colombia

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Los neivanos se quejan nuevamente de la inseguridad de Neiva; los robos a mano armada, el atraco a taxistas, los actos terroristas de cada semana, parecen poner en duda la Seguridad Democrática del anterior y nuevo gobierno.

Neiva tiene un promedio cruel de actos violentos en los últimos meses y de manera popular, el neivano del común habla de una ciudad de bombas cada semana.

Pareciera exagerado, pero es cierto, y no es culpa como muchos dicen de la Policía o la administración Municipal, es un ola despiadada de violencia que vive el país, pero que pareciera no importarle a muchos, pues Cali y Medellín están desesperados por las pandillas y sicarios, y a la Policía se le sale de las manos, porque el conflicto es nacional, es por la falta de trabajo, por las pocas oportunidades para subsistir.
Bogotá, la capital, también presenta altos índices de violencia y ya nadie se siente seguro por las calles, pues desde los menores se percibe la muerte. Como el caso de la menor que se entregó por haber asesinado una niña de 16 años.

Volviendo a la región, ciudades como Pitalito, donde los sicarios, el narcotráfico, y los robos callejeros, se han convertido en los principales temas en los consejos de seguridad organizados por la fuerza pública.
Pero el ambiente se torna depresivo y desesperante, ya no se puede dejar una casa sola en las noches, y si se decide salir, es con los nervios por el temor a ser atracado en una esquina, o participar en la explosión de un petardo en cierto almacén, gracias a las vacunas económicas.

Vivimos en una sociedad de pensamientos crueles, de ideas crudas, donde prima el alcance de objetivos a como dé lugar. Ya en un bar no se puede mirar mal a alguien, porque una bala puede estallar la cabeza de ese desafiante. Aquí en Colombia no se puede deberle plata a alguien sin que no sea cobrada por medio de amenazas, no se puede salir adelante por medio de una ferretería, porque hay que pagar vacunas a los maleantes, etc.

Hasta ahora, la batalla la ganan los guerrilleros, los paramilitares, los traficantes, los asesinos, los sicarios, los ladrones de bolsillo, los pícaros con suerte, y todo porque nadie se preocupa por el vecino, por el de en frente, por la señora que va cruzando la calle, por el anciano que pide una limosna en la puerta de su casa; aquí, todos luchamos por diferentes caminos, a veces, por el más corto, por el fácil, con intereses personales y no colectivos, pareciera a veces que la unión, es sólo para el chisme.

 

 

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