HOY

HOY

Hoy nuevamente es 8 de Marzo y desde ayer empezaron a desfilar por los andenes de la ciudad los baldes llenos de rosas y girasoles de vendedores/as ambulantes esperando hacer su agosto en pleno mes de marzo.

A la par, nuevamente muchas de nosotras voltearemos los ojos y haremos lo acostumbrado y lo necesario, exigir derechos y no flores, promulgar la libertad y no el amor ni la ternura.

Cada 8 de marzo las mujeres que luchamos por construir un mundo más justo e igualitario, empezamos a llenar nuestras redes sociales y conversaciones cotidianas sobre la importancia histórica de esta fecha, que no es otra, que la conmemoración de las luchas políticas que hemos emprendido por siglos en busca de condiciones de trabajo dignas y equitativas.

Batallas que costaron la vida de muchas compañeras que nos antecedieron, por ejemplo, las 100 mujeres calcinadas en una fábrica de Nueva York mientras reclamaban sus derechos laborales.

Hoy, esta demanda sigue vigente. Miles de mujeres alrededor del mundo son explotadas laboralmente por grandes compañías que tercerizan su trabajo industrial en países del sur global, otros miles siguen cuidando a niños, niñas, ancianos y personas en situación de discapacidad sin ninguna remuneración económica pero sí con la obligación social de asumir esta responsabilidad evadida por los gobiernos y su desmonte de políticas propias de un Estado de Bienestar.

Hoy, muchas mujeres siguen desempeñando las mismas labores que sus compañeros hombres recibiendo menos remuneración por ello, a su vez, otras son expulsadas de sus puestos de trabajo por quedar en embarazo, mientras quienes tienen hijos hacen malabares para conciliar su vida familiar, laboral y académica porque empleadores y docentes hacen caso omiso de las necesidades de mujeres con esta sobrecarga de tareas.

Hoy, las mujeres insertas en el mercado laboral, seguimos experimentando acoso sexual por nuestros jefes, patrones y compañeros de trabajo mientras a nosotras se nos exige el silencio y la complacencia ante dichas agresiones.

Hoy, la gran mayoría de mujeres lesbianas tienen que ocultar su orientación sexual y sus relaciones de pareja en sus entornos laborales mientras las mujeres trans son expulsadas del mercado de trabajo a causa de su identidad de género, viéndose abocadas a subsistir mediante oficios que las ponen en situación de riesgo como la prostitución.

Hoy, ser trabajadora sexual es un trabajo altamente precarizado que pone la vida de las mujeres que lo ejercen en manos de hombres que las consideran desechables.

Hoy, miles de trabajadoras domésticas no conocen sus derechos laborales y son explotadas por sus empleadores, exponiéndose a largas jornadas mal pagas y sin ningún tipo de seguridad social.

Hoy, las madres comunitarias siguen luchando por que este Estado que valora más el quehacer de la guerra que del cuidado, les reconozca las prestaciones sociales propias de un trabajo como el que desempeñan.

Hoy, las trabajadoras informales que de madrugada hasta entrada la noche venden empandas, arepas, frutas o tinto para los transeúntes, están siendo criminalizadas y expulsadas de los andenes por la policía, mientras muchas otras, aún hoy, venden bajo el sol las flores que serán entregadas justo este mismo día. Irónico.

Por todo esto y lo mucho que faltó por decir, hoy no haremos la cena ni plancharemos uniformes, no lavaremos los platos ni secaremos la ropa, hoy no le quitaremos los zapatos a nadie ni nos quedaremos en casa.

Hoy volveremos a salir a las calles de la ciudad con pitos, antorchas, ollas y tambores para encontrarnos y marchar juntas en la ruidosa ola morada que año a año crece y revoluciona todo a su paso.

¿Dónde? Parque Santander ¿Hora? 5:00 PM

Por: Claudia M. Álvarez – claudialbaricoque@gmail.com
Twitter: @cmalvarezh

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