La plaza inconclusa del centro estancado

La plaza inconclusa del centro estancado

En reciente debate virtual, nuestro cordial amigo Henry Calderón Ramírez hacía la denuncia de que en Neiva no se hacía, en el aspecto urbanístico del centro de la ciudad, nada importante desde hace por lo menos 25 o más años y, a pesar de que entonces señalamos que los edificios allí levantados, especialmente los dos templos católicos, el Palacio de Mosaico (Gobernación del Departamento), el Hotel Plaza, el Palacio de Justicia, los bancos Popular, de Bogotá y de Colombia, el edificio de la Caja Agraria, la agencia cultural del Banco de la República y pocos más, debían conservarse y embellecerse como patrimonio de la ciudad, creemos que tiene toda la razón.

La plaza mayor de Neiva, el Parque Santander, está inconclusa y el micro centro de la ciudad, estancado, a pesar los esfuerzos de la actual administración por recuperar y mejorar el espacio público en la calle octava y la carrera quinta, despejadas de invasores que durante muchos años las usufructuaron en su exclusivo beneficio.

Su aspecto estético, además, ha sido inmensamente mejorado con las obras en sus vías y con la puesta en servicio de las hermosas fuentes frente al Palacio del Mosaico y la plaza Cívica.

Estas obras tienen que reconocerse como aportes fundamentales de la administración Lara Sánchez al progreso de la ciudad.

Pero es indudable que los costados oriental y occidental del Parque Santander y todo el microcentro de la están inconclusos y estancados, y que su construcción es o debería ser una prioridad urbanística, responsabilidad no solo de los gobiernos municipales y la Curaduría Urbana, sino de los propietarios de esos lotes y ranchos viejos -que no antiguos-, que cuando se incendian, como ocurrió hace poco en la calle 8ª entre carreras 5ª y 6ª, debería aprovecharse para construcciones modernas y no para refacciones modestas, como ha sucedido.

Apostilla histórica

Los IX Juegos Nacionales en Neiva

En un día como hoy, 28 de noviembre, pero de 1980, en medio del entusiasmo general, el presidente Julio César Turbay Ayala inaugura los IX Juegos Atléticos Nacionales, que, previstos para 1978, sufrieron varios aplazamientos por las dificultades para financiar los escenarios deportivos, las vacilaciones de la clase dirigente para nombrar sus directivas, convertidas en botín burocrático de los diversos partidos, y la falta de deportistas capaces de representar al Huila.

Los días de su celebración fueron de fiesta en la ciudad, convertida en el epicentro de la actividad deportiva nacional y todos los eventos fueron reseñados no solo por el “Diario del Huila”, el único entonces, y todos los medios radiales del Departamento sino por la prensa nacional que puso así sus ojos en el Huila, generalmente olvidado por ella.

Finalmente, los Juegos fueron ganados por el equipo de Antioquia, seguido por el Valle. El Huila queda en cuarto lugar (gana 11 medallas de oro, de 183; 10 de plata, de 188, y 11 de bronce, de 175), y es ostensible que su equipo de baloncesto, que queda campeón en esa especialidad, está conformado por deportistas traídos del Chocó, a pesar de la tradición basquetbolista del Departamento.

Lo mejor de los Juegos: la belleza del Pregón con su coreografía, diseñada y dirigida por el profesor Armendáriz; y el himno, con letra de Carlos Gutiérrez Cancino y música del padre Andrés Rosa Summa.

El Departamento cumplió así decorosamente su compromiso con el deporte nacional y recibió por ello muchos elogios de las autoridades deportivas y los deportistas mismos.

Por: Delimiro Moreno – morenodelimiro@gmail.com
Twitter: @opipaisa

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