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Las triquiñuelas de los de siempre

Si algo hay que reconocerle a la oligarquía que viene gobernando el país hace más de un siglo, además de su firme decisión de servirle sin reservas a sus socios extranjeros en contravía del progreso del país, es su enorme capacidad para disfrazar su verdadera naturaleza y presentarse como la benefactora de la Nación.

El truco de Vargas Lleras de aparecer ahora, como un crítico de Santos al que acompañó en sus dos períodos, compartió y se benefició de las decisiones de política económica y social, manejaron el presupuesto para adelantar la campaña anticipada entregando vivienda y firmando contratos para vías 4G, no significa una ruptura con su pasado, sino una estrategia para distanciarse de la carga negativa que representa pertenecer a un gobierno tan desprestigiado.

Quienes esperan ver un castigo por parte de Santos a su exvicepresidente, se quedarán con los crespos hechos, pues los intereses que los unen y las directrices de las multinacionales y el gobierno norteamericano pesan mucho más que cualquier desavenencia de alcoba.

A esta táctica de presentar un supuesto opositor como ya lo vienen haciendo con el Centro Democrático, con el propósito de minimizar a la verdadera oposición de la Coalición Colombia constituida por el partido Verde, Compromiso Ciudadano y el Polo Democráticos, se suma la artimaña de enviar mensajes halagadores a uno de sus integrantes, con el fin de romper la unidad con que vienen adelantando el proceso, en busca de un programa de gobierno para salvar a Colombia y un solo candidato: entre Claudia López, Jorge Enrique Robledo y Sergio Fajardo.

Otra argucia empleada es la de presentar a Robledo como un promotor de la eliminación de la propiedad privada, una réplica del gobierno de Maduro y Chávez en Venezuela, a pesar de los continuos debates y acciones realizadas para defender al empresariado nacional: como la industria de autopartes, la red de minoristas de combustibles, los ingenios azucareros y a productores del campo y la ciudad no monopolistas.

No comer más cuento como dice el argot popular, le corresponde a las inmensas mayorías empobrecidas y carentes de garantías de trabajo y seguridad social; es hora de romper la tutela ideológica impuesta por tanto tiempo, somos una nación con inmensos recursos naturales aún por utilizar en provecho nuestro, pero especialmente disponemos de una población trabajadora y recursiva, capaz como cualquiera de producir la riqueza que necesitamos para desarrollarnos como una nación de bienestar y no de desigualdad.

Por: Libardo Gómez Sánchez – libardogomez@gmail.com

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