No queremos flores, queremos derechos

No queremos flores, queremos derechos

Desde frases como: “los niños no lloran; de seguro estás en tus días”, son los comienzos escondidos de una desigualdad entre el hombre y la mujer, que aún persiste hasta el final de los tiempos, y a pesar de que muchos cambios se han dado en el pensamiento del hombre, la evolución del patriarcado y el machismo, es algo que todavía no llega por completo a los zapatos de ninguno.

Muchas personas consideran que las mujeres por naturaleza están más capacitadas para la maternidad y el cuidado de la familia y que los hombres nacen para estar en el mando, el gobierno, adquiriendo como ideales la ambición, el poder y la fuerza; es decir, la sociedad ha convertido a la mujer como un problema de género, sin darse cuenta que este problema conlleva a grandes impactos en la economía y en el ámbito cultural.

Esta desigualdad es algo que nos inculcan desde pequeños, pero no es como la plantean los adultos, es una discrepancia invisible en el sentido de que los niños son fuertes, independientes, los que juegan con carros, practican fútbol, pueden vestirse con todos los colores, exceptuando ese color claro y bonito que para muchos pertenece al género femenino: el rosado; para ellos, los adultos, es tan repugnante como el árbitro Mark Geiger, que fue en algún mundial tan injusto con Colombia, en el partido contra Inglaterra y que de solo recordar ese partido me produce furor y tristeza.

Por otra parte, las niñas son las vulnerables, las que deben ser protegidas, las que juegan con muñecas o a la cocinita, a ser mamá; las que se imaginan su mundo como una de las once princesas de Disney en su castillo de Diamantes esperando a que su príncipe azul llegue en su valiente corcel para que vivan felices por siempre; las que estarían indignadas si les pasara lo que le sucedió a Ariadna Gutiérrez, en el concurso que vuelve a la mujer un objeto de consumo “Miss Universo”.

Hay que ser realistas como lo plantea la película Shrek: ni el príncipe es un hermoso caballero, ni una corona es el todo para una mujer. Por cierto, nos tocará por nuestra propia cuenta liberarnos de esa torre como hizo Fiona, porque de acá a que llegue ese caballero es igual a no saber todavía en los diciembres porque se casó Adonay.

Hay que mencionar primero, que prácticas como la violencia machista, la brecha salarial, los abusos sexuales, el escaso acceso a los puestos de poder, las tradiciones patriarcales, el acoso laboral, entre otros, son los que mantienen esa falta de paridad entre el hombre y la mujer en la sociedad; sin embargo, de acuerdo con el último índice de brecha de género que elabora el Foro Económico Mundial, se demuestra que si hay hombres que se preocupan por los derechos de las mujeres y dejaron hace rato una de las herencias más reconocidas y perdurables de la historia: el machismo; países como Islandia, Finlandia, Noruega, revelan que la igualdad de género es un juego en el que todos pueden ganar y donde los derechos de la mujer no se ven vulnerados.

En segundo lugar en el ámbito de la pobreza se dice que es algo que afecta directamente a la mujer siendo así que las causas de esta correlación sean varias: desde cobrar menos, trabajar más y ocupar menos puestos de responsabilidad en las empresas por el miedo de los jefes, a estar dando licencias de maternidad, a pagar para que trabajen poco, -dado que según ellos, sus empleadas tienen que dividir su jornada entre el trabajo y el cuidado del hogar-, a no recibir remuneración por sus labores en el hogar y presentar dificultades para acceder a los recursos productivos, económicos y oportunidades; situación que agrava la violencia de género no solo en las mujeres adultas, sino en la población de menor edad. Según la Unicef, las niñas tampoco se libran de esta infamia, puesto que una de cada diez menores de edad ha sido forzada a mantener relaciones sexuales, de modo que sean 120 millones de pequeñas afectadas en el mundo.

Para Albert Einstein “Ante Dios todos somos igualmente sabios e igualmente insensatos”. Estas palabras fueron dichas en una época donde la mujer aún era reconocida solo como la madre de su hogar y donde su mundo llegaba hasta la entrada de su puerta; de ahí en adelante, era el mundo del hombre, de la masculinidad, del poder y la fuerza.

Gracias al esfuerzo de muchas mujeres trabajadoras que querían exigir sus derechos a los hombres y a la sociedad fue que se logró que a partir del año 1975, el 8 de marzo se declarara como el día internacional de la mujer.

Sin embargo, este no se estableció para “consentirnos” como muchos creen, porque es el día en el que el 50% de nuestra población exige al otro 50% que se nos trate con dignidad y se nos respeten nuestros derechos, que la sociedad deje de determinar un comportamiento a cada género, una forma de ser, una apariencia o vestimenta, y que no juzguen o presionen al que según ellos no den con el perfil que buscan.

Así pues, otras frases como: “hablas como un marimacho”, “este tiene un estilo afeminado”, “no te vistas así que vas provocando”, “un hombre no llora”… nos demuestran como decía inicialmente, que los estereotipos de género afectan tanto a niños como a niñas al crecer con ciertas restricciones sociales e ideológicas, de que las mujeres son las débiles y los hombres los poderosos.

Es por eso que todos, hombres y mujeres tenemos que tomar conciencia de estos problemas que hoy enfrentamos, seamos valientes, denunciemos cuando sintamos y nos demos cuenta que nuestros derechos están siendo vulnerados.

Tristemente a pesar de grandes pasos, para llegar a esa igualdad de género en su totalidad tenemos que recorrer aún más camino y por eso, ¿no consideras que sería mejor hacerlo juntos y juntas?

Finalmente, para continuar en ese camino, es necesario no solo seguir mejorando las leyes y las políticas públicas, sino también transformar las sociedades con cambios en las actitudes y creencias en torno a todos esos estereotipos con los cuales hemos crecido y vivido.

Tú, ya seas hombre o mujer que leas esto, en tu modo de pensar y actuar eliges qué tipo de sociedad quieres vivir.

Desde mi punto de vista elijo una sociedad en la que no exista ninguna clase de desigualdad, donde hombres y mujeres, niños y niñas seamos iguales, y en donde las mujeres no nos conformemos solo con flores sino que aspiremos y exijamos el cumplimiento de nuestros derechos.

Por: Brenda Daniela Meneses Terríos
Estudiante Grado 11° Colegio María Auxiliadora, sede Neiva – Huila

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