Que no panda el cúnico

La Calle del Festival, el ‘despelote’ mayor de San Pedro

Julio 2 de 2012

Por: Kissis Angie Valenzuela

La Calle del Festival en Neiva año tras año se ha ido convirtiendo en una verdadera tortura para quienes se arriesgan a ir a ver a  los distintos artistas que en cada versión del Festival traen a la ciudad.

Sin embargo, el desorden, la mala logística, la falta de autoridad de algunos policías para manejar problemas de gente embriagada, el abuso de autoridad de otros también generó inconvenientes.

Pero lo peor de este año ocurrió en la presentación del cantante Vicente Fernández, cosa que se creía iba a ser lo mejor de esta versión. El primer punto, la llegada al lugar, pues los controles de la Policía hicieron que las personas tuvieran que caminar un largo trayecto ya que los vehículos no los dejaban pasar.

En segundo lugar las largas filas que desde allí presagiaban el desorden. Seguidamente la ubicación, se evidenció claramente que los intereses de los empresarios eran vender boletas por doquier, sin pensar si realmente las personas quedaban bien ubicadas o por lo menos con lo necesario para su seguridad.

La parte más difícil la llamada VIP, que de eso no tiene nada, más de ocho mil personas atiborradas que no tenían el mínimo espacio entre sí, cosa que generó peleas entre los que estaban allí, el desorden era tal que se le salió de las manos a  las autoridades controlar a la gente.

Otro punto negativo es la falta de salidas de emergencia, pues muchas personas comenzaron a salir antes que se acabara el concierto por miedo a su integridad y las largas filas para evacuar y el poco espacio para que se hiciera rebotó la calma de la gente, tanto que el sofoco y una latente estampida estuvo a punto de pasar, pero eso no hizo que se despejara la zona quedando cada vez más la gente incomoda.

Las miles de botellas de aguardiente u otras bebidas fueron las armas predilectas de los ‘borrachos’, quienes las utilizaron para intimidar y agredir a los demás, porque el grado de intolerancia de la gente tomada fue tan alto, que por detalles mínimos peleaban ante la mirada de la Policía, que parecía darles miedo meterse y controlar la situación.

No cabe duda que cada versión de La Calle del Festival se vuelve una verdadera bomba de tiempo en materia de inseguridad, que la logística se limita a contabilizar la venta de boletas, que La Policía se queda corta en sus refuerzos para tratar de impartir orden, y que los únicos que están mejor son los que pueden comprar entradas a Palco, claro, esto sin justificar que los que compran en otros lugares también merecen que se les brinde todas las garantías, y no que parezca una gallera nocturna como suele pasar en cada concierto.

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