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Por: Kissis Angie Valenzuela. - contacto@tusemanario.com
Tristes son siempre las noticias en la que sus protagonistas lamentablemente son los niños, esas en las que tenemos que mirar furiosos, acongojados y molestos a los pequeños, que por una u otra razón mueren siendo víctimas de las injusticias.
Sin embargo, hay algo que prevenir, hay que evitar se siga presentando, y es que pasen más tragedias con los menores, por la irresponsabilidad de los padres de familia.
Escuchamos que se mueren niños ahogados, que los raptan y posteriormente son asesinados, que se pierden por el descuido de los padres, o que se mueren por accidentes absurdos, que se pueden prevenir, si hay más conciencia, responsabilidad y lo que se llama ‘malicia indígena’ por parte de los padres de familia.
La muerte de una menor de cinco años atropellada por un vehículo en el norte de Neiva la noche de este miércoles, provoca un sentimiento de desconsuelo entre la comunidad, que no entiende cómo es posible que una menor de tan corta edad muera por hacer un ‘mandado’ a la tienda y en una bicicleta, cuando sus padres se quedan en la casa.
La intención no es juzgar para nada el dolor de sus padres y demás familiares al recibir esta lamentable noticia, es simplemente hacer un llamado de atención con respeto a los adultos para que no se confundan y no hagan que los menores realicen actividades de los mayores, sin prevenir cualquier daño a la integridad de los pequeños, pues en esta sociedad cada vez más hay que protegerlos de los que los buscan como carnada para cometer sus fechorías.
Los niños son eso, simplemente niños, que no preveen que es el peligro, que no comprenden las injusticias, que no captan la idea de la maldad, son personitas que viven en su mundo de ilusiones y una realidad mágica en la que los juegos, colores y formas, son su diario vivir, un niño no se va a cuidar por si mismo al cien por ciento, un menor no se va a poder defender de un adulto que tenga malas intenciones, por ello es muy importante que los padres comprendan que a sus hijos no se les puede poner tareas por doquier, sin tomar las medidas pertinentes para cuidarlos y evitar que así les pase algo.
Ojalá los padres comiencen a ejercer su responsabilidad siempre, y que no sigan ocurriendo estos hechos que enlutan no sólo a una familia, sino a todos los que aman a los niños, como dice un viejo adagio “seguro mató a confianza” y más vale ser desconfiados y precavidos un momento, que vivir el dolor amargo de enterrar a un hijo.

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