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Origen de la palabra “idiota” y la actual situación política

La palabra “IDIOTA” tiene su origen en la raíz griega “IDIOS” que significa “privado, particular, personal” y para la bella época de la Polis griega era la expresión utilizada para referirse a aquellas personas, que teniendo la oportunidad de hacerlo, no participaban de los asuntos públicos sino que solamente se interesaban de sus asuntos personales y privados. Pronto esta palabra terminó siendo un insulto, hasta llegar al significado de hoy día referida a ser poco inteligente.

Y es que para los griegos participar en los asuntos públicos y políticos era de gran importancia, no se entendía que un ciudadano libre no lo hiciera, el hecho de no participar en el ejercicio de la democracia era considerado deshonroso. Lastimosamente, pareciera que para nuestros tiempos la escuela que hubiera predominado es la de los epicúreos para quienes el ejercicio de la política era fuente de problemas, sufrimiento e infelicidad, pues en las últimas elecciones realizadas en nuestro país la abstención fue del 62.59%, es decir, que ni la tercera parte de la población decidió la suerte del plebiscito y los votos del “NO” no llegaron siquiera al 20% de nuestro censo electoral.

Nuestros grandes problemas de hoy devienen precisamente de la apatía e indiferencia por los aspectos públicos y políticos, es más, cuando alguien bueno, decente, con ganas de transformar y aportar a la sociedad quiere participar en política, lo primero que hace su círculo familiar y social es tratar de desencantarlo y no dejarlo, pues no se cansan de repetirle que “la política es sucia, es corrupta, está completamente desprestigiada, es para gente mala y usted es muy bueno para meterse en eso”. Después de pasar ese primer círculo familiar viene la tarea más difícil, que es convencer a la ciudadanía de que sí hay gente buena y decente en la política por quien vale la pena votar y quienes merecen dirigir nuestros destinos, lo que en la mayoría de los casos lamentablemente no se logra, y se terminan abriendo espacios para que lleguen los politiqueros de siempre con su clientela y dinero para mantenerla y perpetuarse en nuestras instituciones.

La manera para acabar con la corrupción no es con más leyes y mayores penas, que nunca sobrarán, pero que no atacan el verdadero problema, derivado de elegir funcionarios y políticos corruptos. Es en las elecciones donde podemos derrotar la corrupción y cambiar nuestro destino democrático, participando de manera masiva para elegir personas buenas y decentes, y no a los que pagan para llegar y llegan para robar.

Por: Diego Muñoz Marroquín

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