¿Otros setenta años?

Una leve llovizna apura el paso de los transeúntes, ataviados con gruesas ruanas de lana, los protege del frío natural de esta sabana a 2600 metros del nivel del mar, son los del común.

En tanto en los atestados cafés del centro, punto de reunión de las tertulias de los funcionarios del estado, estudiantes universitarios y poetas se reconocen por sus distinguidos vestidos de paño y corbata, todo transcurre como es habitual; en medio del bullicio de los contertulios y bajo el marco de la bruma que oculta el cerro de Monserrate, repentinamente se escucha el eco atronador de un disparo de revólver Smith & Wesson, cesa la calma chicha y se desencadena una espiral de violencia que aún no se ha detenido y según los tiempos ha ido tomando forma propia.

El tiro trunca la vida del primer caudillo del siglo XX que se atrevió a desafiar la hegemonía liberal-conservadora y a arremeter  contra la descarada intromisión de la potencia del norte en los asuntos de internos de nuestro país, su certero debate a la United Fruit Company que se coligaron con el gobierno para acallar a bala a los obreros bananeros, declarados en rebeldía por las ignominiosas condiciones de trabajo, retumbó por todos los rincones de la geografía nacional y lo convirtió en la voz de la esperanza de las gentes del trabajo y en una seria amenaza para los parásitos usufructuarios del poder del Estado y comisionistas del capital extranjero.

Jorge Eliécer Gaitán encarnó todas las cualidades de un patriota: acusó a la oligarquía de sus crímenes, defendió a los obreros y a los campesinos; comprendió la magnitud del desprecio que los vendepatria sienten por los humildes y develo la maniobra que utilizan: a punta de demagogia siembran el odio entre los de abajo.

Todo el aparato del Estado lo emplean para apuntalar un régimen despreciable que mantiene a los mismos con las mismas; así como el ejercito de la época protegió los intereses de la compañía bananera, el de ahora custodia los predios de la represa de El Quimbo para garantizar a Emgesa que los desplazados por el proyecto, no interferirán en el perpetuo saqueo de la energía que obtienen del río Magdalena.

El aniversario coincide con una coyuntura en la que los colombianos debemos decidir qué futuro preferimos, uno similar al vivido estos setenta años o uno que nos conceda el que aspiraba Gaitán; una nación prospera e independiente, con Fajardo se puede.

Por: Libardo Gómez Sánchez – libardogomez@gmail.com

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