Respetar la Institucionalidad

Colombia se hunde en la desconfianza, algo característico de países subdesarrollados. No se confía en la palabra, ni tampoco en la justicia, mucho menos en la política y sus actores, los políticos. Años de deterioro de los valores de la sociedad, han llevado a esta situación. Gran parte de este deterioro se lo debemos a la corrupción y al narcotráfico, males incrustados en la sociedad. Pero,  por otro lado el egoísmo a la hora de gobernar y el afán del dinero fácil de unas élites, han logrado destruir lazos de confianza en la sociedad.

Estamos fallando como país y como sociedad, a la hora de formar ciudadanos que anteponen sus intereses personales al bien común. Algunos más privilegiados juegan con las necesidades de miles de personas humildes, venden sus principios al mejor postor, sin importar el dolor o la necesidad del otro. Por personajes como éstos, que abundan en las esferas políticas, se genera el desarraigo y la desesperanza que abunda en los barrios más pobres de nuestro territorio.  Le hacen daño a la sociedad.

La salida es invertir en Educación, formar seres responsables y respetuosos que sean capaces de conocer sus derechos y respetar los de los demás. En este país abundan los Nule, los Moreno y los Pretelt; élites que no supieron asumir su papel de privilegiados a la hora de construir un mejor país. Perdieron el tiempo buscando su propia satisfacción, olvidando que en Colombia, uno de cada tres personas vive en la pobreza, y si nos referimos al campo, uno de cada dos habitantes rurales, lucha por apenas subsistir.

Es hora de limpiar la sal, volverla incorruptible, rodear a las instituciones, para garantizar la justicia y el equilibrio social. Puede que fallen las personas, no importa si se trata de una alto magistrado, lo más importante es reconocer que las instituciones están allí para garantizar los derechos de los ciudadanos, en especial de aquellos que no cuentan con una voz.

Finalmente, la función del Estado es garantizar que se respeten sus derechos, sin importar que tan ilustres sean sus apellidos o que tanto dinero se posea.  Rodeemos a las instituciones para edificar un mejor país, y así volver a creer. No hay otro camino posible.

Por: Rodrigo Lara Sánchez – @Rodrigo_LaraS

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